Quiénes somos

Consideramos que quienes somos, no es importante
ante
la inmensidad de lo aquí revelado, y cuya fuente es el Maestro
Jesús.
Mas compartiremos, que apenas somos un puñado de Almas unidas, con
el propósito de hacer y preservar este portal -el cual se ira
engrosando con el transcurrir de los años. Ello, en cumplimiento de
una misión que estamos ciertos, viene de más allá de esta vida
terrenal, y de esta noción nuestra del tiempo.
¿Quiénes somos?
Somos los que hemos decidido dar el paso, y –en conciencia–
participar, en este maravilloso proceso evolutivo.
Somos los que hemos optado, por no quedarnos solo observando, y
en la inacción.
Somos los privilegiados; somos los elegidos; somos los dignos
hijos de Dios.
Somos privilegiados, porque hemos escuchado el llamado Divino
… y hemos acudido a él.
Somos los elegidos… porque hemos creído más allá, de lo que
nuestros ojos
materiales nos han permitido ver, y hemos seguido
a nuestro corazón.
Somos los dignos hijos de Dios, porque en un momento de esta
nuestra presente
existencia −abrimos nuestros sentidos almicos−
nos dirigimos a nuestro creador
−llámese, como se llame– y le
dijimos:
“¡Estamos listos! Nos sabemos portadores de tu Luz, y de tu
Amor…
porque de ellos emanamos, y en ellos permaneceremos por la
Eternidad.
Estamos dispuestos a seguir, las huellas de Jesús.
¡SOMOS TUS DIGNOS HIJOS!
Cada día es una lucha, entre nuestra vida material –de la que
depende nuestro
cuerpo para sobrevivir−y el camino Espiritual.
A veces triunfamos; a veces no. Lo que normalmente acontece en
este plano
material; en donde se encuentran, y coinciden ambas
vidas, ambas fuerzas.
Generalmente, esto no nos desanima, y continuamos en el camino.
A veces avanzando ágilmente; otras pausadamente.
En ocasiones, nos hemos detenido para retomar el aliento, y
continuar con nuevos
ánimos… pero siempre avanzando: a nuestro
paso, a nuestro ritmo.
No somos diferentes a ti. ¡Sobrevivir, es una constante lucha!
Como tú, enfrentamos críticas, golpes –que dependiendo de
nuestro estado de
ánimo; y de lo profundo que hayamos orado, o
meditado: nos tambalean,
o ni siquiera las sentimos, o consideramos.
El estrés y el malhumor llega a nosotros constantemente, y en
ráfagas.
Hemos pasado injusticias, maltratos, dolores, sinsabores.
Nos hemos defendido. Hemos contra atacado; y a veces
hemos sido los que primeramente, han agredido y lastimado.
Pero siempre, siempre, hemos retomado el camino y por ende,
percibido el gozo proveniente de planos superiores…
que invariablemente se acompaña, de bendiciones.
Hemos subido la montaña, y nos hemos sentado a ver el amanecer
desde esas altas cumbres. Hemos desnudado nuestros pies y hemos
sentido la
tierra santa, que nos ha bendecido con sus frutos y
con los trinos de sus aves.
Hemos escuchado la sinfonía del universo, y hemos dirigido
nuestros ojos
hacia ella… y hemos visto las señales de los cielos.
Hemos sentido el suave tacto de las huestes celestiales,
hemos escuchado su melodía, y la hemos seguido a la profundidad
de los bosques,
a las tranquilas pozas de los manantiales;
y a las estruendosas aguas de las cascadas.
Y en todos esos espacios… en donde el tiempo parece no correr
¡Hemos escuchado la voz de Jesús… muy dentro, en nuestros
corazones!